
Pablo García Casado
Eso me dijo antes de dejarme una mañana con el lateral izquierdo dolorido, inmóvil, rabioso y estúpidamente contento. El desorden se regocijaba definitivamente en su victoria; en la nevera ya sólo quedaban las fechas de caducidad y los estantes pedían a gritos que algo les hiciera una visita. En los altavoces sonaba alegre la celebración del día de difuntos del Sr. Chinarro.
Me quedé aturdido, mirando por la ventana a esas tristes vistas de los confines, lejos de los barrios del centro, donde dicen que la vida parece más real.
No pude evitar recordar el libro de Pablo García Casado, ese poeta cordobés que ha publicado sólo tres manuales de lírica supervivencia. Las afueras fue el primero, y seguramente dejó una cicatriz marcada en la línea de la vida, esa que se va borrando poco a poco aquí en mis manos.
Siempre aparece una lágrima voluntaria cuando leo Las afueras, el poema que abre y titula el libro. Es inolvidable.
por más que se extiendan las ciudades hasta juntarse
unas con otras por más desengaños que el sexo la muerte
o las oposiciones nos deparen quedarán siempre las afueras
la oscuridad de los polígonos industriales la ineficacia
el ministerio de obras públicas por más que se empeñen
colectivos ciudadanos asociaciones de vecinos seguirán
Ahora me queda limpiar la estancia, lavar la ropa y ahogarme bajo la ducha. Me desharé de las sobras. Pero voy a conservar con sumo cuidado cada uno de los restos.
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